Hoy ha llovido todo el día y es maravilloso, prefiero la lluvia y el frescor antes que el calor sofocante de la Amazonía en un día soleado. Al anochecer subo a una pequeña azotea, el lugar más alto de todo Arajuno. Desde allí contemplo como emana desde las profundidades de la selva que rodea el pueblo como una cárcel de libertad espesa, las columnas de vapor que se forman por el intenso calor en el interior de la selva y que evapora los riachuelos formados por la lluvia.
El sol peina las colinas dotando de un color dorado explosivo las copas de los árboles, los pájaros noctámbulos y los insectos van despertando a la nocturnidad mientras un perro lejano persigue ladrando a una motocicleta. Al oeste se intuyen difuminadas por la lejanía las estribaciones andinas, como los cadáveres de antiguos dioses muertos en batalla. En el resto de direcciones, la selva es infinita, sin límite, sobrecogedora en su magnificencia, esa selva indómita que demuestra la inmensidad del cosmos en un manto verde.
Yo allí me quedo, extasiado, contemplado la muerte diaria del sol y como la tierra se va cubriendo con un sudario de niebla emanada de las mismas entrañas del bosque. Y es entonces cuando pienso que en esta tierra los seres humanos somos meros herederos fortuitos y no merecedores de vivir en ella. Desde el primer poblador que puso su pie en el corredor helado del Estrecho de Bering, allá por la lejana Alaska, pasando por los pobladores oceánicos que vinieron en sus barcas y terminando por los posteriores colonizadores europeos o por los obligados y esclavizados africanos. Esta tierra fue diseñada por titanes, para titanes. Todo es a una escala abrumadora, las barreras montañosas que serpentean miles y miles de kilómetros, los innumerables volcanes, la selva inmensa, los ríos gigantes como mares, las cataratas que ahogan la tierra en verdaderas placas continentales sobresalientes, los desiertos secos al eterno, las llanuras sin fin que rivalizan con el ancho océano, los glaciares magníficos, etc.
Me coge la noche que se viste con una niebla espesa convirtiendoArajuno en un pueblo encantado. Comprendo porque los pueblos originarios tienen tanto respeto a la naturaleza, en una tierra donde ésta es dueña y señora, construida a una escala mucho mayor que la del ser humano.América una tierra de titanes.
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