Para un kichwa, cazar no es sólo un placer. Para un kickwa, cazar es parte de su cotidianidad, una forma de enriquecer su dieta con sabrosas proteínas de carne de monte. También es prestigio ante la comunidad, parte de su ritualidad diaria y de su relación con el bosque. El bosque por su parte está lleno de animales que ciertamente son muy gustosos al paladar como el armadillo, la guanta, guatusa, saíno, venado, caimán o monos, entre otros.
Moisés Chimbo es guardabosques del Oglán, donde cuida del bosque protector y mantiene los preceptos del difunto Pablo López sobre mantener el bosque virgen. Lo vigila frente a los cazadores furtivos y a las intromisiones de gentes de otros lugares y de otras comunidades, convirtiéndose Moisés en guardián de primera línea de la naturaleza. Pero Moisés es kichwa.
Cuando Moisés anda por el bosque, sus penetrantes ojos ven mucho más, ve huellas, señales en la maleza, ramas rotas, excrementos y olfatea el aire en busca de señales. Y las encuentra. Para él es imposible no ceder a lo que desde siempre ha vista hacer a sus mayores y en lo que fue educado, y es entonces cuando saca su carabina a pasear.
Aparece por la estación con una pareja de monos que ha abatido no muy lejos de allí.
- ¡Pero Moisés hombre! ¿Qué haces? – le recrimina Fernando, ya que debería ser guardián y guardabosques, no cazador.
Moisés se disculpa y va a su choza, donde su familia recibe el regalo con jolgorio y los familiares felicitan su habilidad. Esa noche comerán un plato especial y todo gracias a Moisés, su puntería y la confusión que siente en sus deberes.
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