Me siento en la sala de reuniones de ACIA (Asociación de Comunidades Indígenas de Arajuno) y entre muchísimos kichwas, algunos waos y otros shuar, esperamos al comienzo de la asamblea. Hoy viene un ingeniero especializado en minería y petróleo, de la Universidad Central del Ecuador. Se va a discutir la instalación de un pozo petrolero en el Oglán, un pozo que lleva excavado hace más de cuarenta años, pero que nunca se ha explotado y ahora una compañía italiana está a punto de recibir por parte del gobierno los derechos para hacerlo. La asociación está discutiendo que hacer, qué medidas tomar, que exigir a la compañía, de respeto a la naturaleza, de que las comunidades salgan también beneficiadas y no ocurra como en Sucumbíos o en Orellana, donde Texaco Chevron contamino grandes áreas selváticas ocasionando cáncer y malformaciones en niños indígenas, arrasando la fauna y flora. Por su parte, el gobierno izquierdista radical de Rafael Correa elaboró una nueva constitución en 2008 donde otorgaba amplios derechos y reconocimientos a las nacionalidades indígenas. Pero se guardó un as bajo la manga, dijo que los indígenas son dueños de sus territorios ancestrales, pero que el gobierno es dueño de lo que hay debajo de los territorios ancestrales. Por tanto, con esta mundana jugada, Correa se asegura de poder acceder a los pozos petrolíferos de la Amazonía sin intermediarios ni oposición legal.
Las mujeres reparten refrescos y pan entre los asistentes, mientras el ingeniero va soltando el discurso del desarrollo del país y que todos deben contribuir a él, de lo bueno que es el petróleo, que se puede extraer sin causar daño al bosque protector, que el petróleo es necesario y que ahora mismo es la única tecnología accesible por el ser humano además de ser lo que más dinero otorga al estado ecuatoriano. Les instruye en los pormenores de la operación, en los pasos a seguir y en cómo deben actuar frente a las petroleras. Los arajunenses van quedando cada vez más satisfechos en lo que parece una promesa de prosperidad y riqueza para el pueblo, aunque los más avispados no se dan por vencido, pues conocen el carácter de las multinacionales y los estados.
En Asamblea, donde todos colaboran, donde todos hablan y votan, los indígenas del cantón Arajuno deciden el futuro del Oglán y su pervivencia. Y mientras a mí no se me escapa de la mente las palabras de Guarapito, un entrañable yaccha, que en visiones de ayakwaska vio salir sangre de aquel pozo enclavado en el corazón del bosque protector.
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