Sentado en la cocina de mi amigo Froilán tomamos chicha. Mis días en Arajuno se acaban y aunque ya he tomado ayakwaska, no conseguí tener las visiones y la experiencia espiritual que ansiaba, a pesar de haberlo tomado con un hombre sabio que me limpiaba el espíritu mientras la consumía. Por tanto estaba desesperado por volver a tomar.
Allí llega Silverio, padre de Froilán un hombre que sabe cocinar la ayakwaska y que puede ayudarme en mi intención de probar todos los aspectos de la vida cotidiana kichwa. Le expreso mi deseo de hacerlo y le digo que me han dicho que él es bueno en eso. Él me sonríe, divertido y reservado.
- ¿Qué quieres ver con la ayakwaska?
- El futuro – respondo.
Silverio se da la vuelta y se va riendo alegremente de la cocina. Creo que la he cagado con la respuesta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario