sábado, 10 de septiembre de 2011

Niños con retraso

Vuelvo a Arajuno. Viajo en el interior de una camioneta desde Puyo, fuera llueve y hace frío, por algo Puyo significa “lugar nublado” en kichwa. Al lado mía viaja una mujer kichwa con su hija, que aún es un bebé. Se la ata a la cintura como siempre hacen, mientras la niña disfruta de una galleta salada que mastica con aparente gozo. Me llama la atención como la madre la quita la galleta que el bebé agarra con la mano izquierda, y le intenta obligar a usar la derecha.

- ¿Por qué hace eso, señora? Creo que su hija es zurda.

Me mira con pesar.

- Lo sé, nació retrasadita la pobre, por eso intento corregirla.

Sin poder salir de mi asombro un chico que también viaja en el coche le dice.

- Mi hermano pequeño también tenía ese problema. Lo arreglamos vendándole la mano izquierda, de tal modo que sólo podía usar la mano derecha. En una semana, estaba curado.

- ¿Curado? – pregunté sin salir de mi asombro – Ser zurdo no es ninguna enfermedad.

- No quiero que mi hija tenga problemas a la hora de escribir y que sea más torpe que sus compañeros y se quede retrasada para siempre.

Durante las dos horas de duro trayecto sin asfaltar hasta Arajuno discutí con ellos para hacerles ver que ser zurdo es tan normal como ser diestro, que mucha gente lo es y no es retrasada, que los mejores futbolistas del mundo son zurdos y que así, haciendo eso, si estaban fomentando que la niña fuese más torpe, ya que ella trabaja más activamente con otras partes del cerebro. Me miraron como un loco que decía estupideces. La niñita seguía masticando sin dientes su galleta, sin comprender que le iban a arrebatar para siempre una de las características más personales que una persona puede tener.

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