sábado, 10 de septiembre de 2011

Chimborazo

En la lejanía se intuye las cumbres nevadas del volcán más alto del Ecuador, el Chimborazo. Los Andes ecuatorianos son espectaculares, sobre todo la llamada Avenida de los Volcanes, donde toda una serie de volcanes con nieves perpetuas que superan la cota de los cinco mil metros se unen en sucesión norte sur, como formando una auténtica avenida.

Pero el Chimborazo es especial. Es el más alto, ya Alexander Von Humboldt durante su viaje por la América Equinoccial lo escaló, allá por el siglo XVIII y ha sorprendido a los viajeros desde entonces. Una generación tras otra de trabajadores, han luchado todas las mañanas contra el gigante para arrancarle de sus laderas, grandes trozos de hielo virgen que luego bajan hasta Riobamba para vender en los batidos, sorbetes, granizados y jugos por las plazas de la ciudad.

Al pasar lo veo, gigante por encima de todas las montañas circundantes, coronado de niebla y nieve, explosionando contra el cielo del anochecer, mientras se forman las tormentas producto de la ira de las nubes al chocar contra aquella inmensa pared.

Y viendo aquello, recuerdo como los indígenas de la zona dicen que el Chimborazo es un gran señor y semental y que durante las tormentas arrastra su simiente por sus faldas. Las muchachas jóvenes durante su ira se esconden en las casas, pues dicen que si la tormenta las alcanza al descubierto, corren el peligro de quedar preñadas, pariendo así un chiquillo blanco y fuerte como su padre, el Chimborazo.

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