sábado, 10 de septiembre de 2011

Eulalia

Eulalia Chimbo es joven, para los cánones occidentales con solo 35 años aún se puede considerar en la flor de la vida. Pero Eulalia tiene ya cinco hijos y con ellos ha de luchar todos los días para educarlos, aparte lleva la vida en la casa, donde cocina y limpia. Para cualquier mujer eso ya es un trabajo duro y más con tantos hijos pendientes de su atención y cuidados, a los que le es imposible educar en la cultura kichwa por falta, literalmente, de tiempo. También, Eulalia trabaja la chacra para dar de comer a la familia los frutos que arranca de la tierra. Incluso, Eulalia brega con un marido que la engaña con otra mujer frente a sus narices, grito a voces que le hace sonrojar cuando tiene que ir en el pueblo de un lugar a otro por la calle y las personas la miran. El marido a veces le pega y la desprecia sin miramientos. A pesar de todo él no le concede el divorcio que ella tanto ansía. A eso, hay que sumarle el escaso apoyo de su familia, que no ataca ni corrige a su marido porque según su opinión es un buen hombre que trata bien a todo el mundo y eso de la amante, es cosa corriente en cotas tan tropicales. Su marido es bueno con todos menos con ella.

Y así Eulalia parece mayor de lo que es y se ve estropeada, la vida se le ha consumido más rápido de lo normal a base de disgustos e inquietudes nunca resueltas. Pero a pesar de todo Eulalia sueña con salir de Arajuno, de viajar a España, de casarse con un buen hombre que la quiera y olvidar todo, para comenzar otra vez, como si tuviera dieciséis años. Eulalia sonríe con todos los dientes, con el corazón y con los ojos, como si poseyera el secreto de una vida mejor.

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