sábado, 10 de septiembre de 2011

Los cañaris

Al sur del Ecuador, en los valles interandinos, visito las ruinas de Ingapirca. Estas ruinas eran un complejo religioso incaico construido sobre otro complejo religioso cañari. Los incas adoraban el sol, por el contrario los cañaris adoraban a la luna, en una sociedad matriarcal. Mientras el guía va diciendo la sarta de estupideces que casi normalmente van diciendo la mayoría de los guías turísticos del mundo, observo alrededor.

Esa semana la paso en territorio cañari, y allí los cañarisllevan a pastar a sus llamas y bailan en las noches de luna llena, en las ruinas de sus antiguos enemigos, los incas. Los bravos cañaris era un pueblo que habitaba esta zona desde antiguo, y los incas en su afán conquistador llegaron arrasando hasta sus tierras. Los cañaris eran bravos, fuertes y bien organizados, los incas nunca pudieron doblegarlos por las armas, así que recurrieron a otras artes. A través de la diplomacia, los matrimonios y las alianzas, los cañaris se unieron a los incas, siendo poco a poco doblegados, hasta que no pudieron hacer nada para librarse de ellos. Los incas enviaron a los más peligrosos a otras regiones de su vasto imperio (táctica conocida como mitimaes) y los aculturaron. Los cañaris siempre les odiaron, y juraron un día vengarse.

Ese día terminó por llegar. Pizarro y su hueste de conquistadores arribaron a las costas ecuatorianas y los cañaris no dudaron un momento en aliarse con los invasores para destruir a sus enemigos ancestrales. Tras la conquista, los cañaris disfrutaron de un trato especial por parte de los españoles, sin ser molestados y preservando su territorio tradicional. Hoy en día los cañaris son tratados como traidores por el resto de nacionalidades indígenas por aquel suceso.

- ¿Alguien podría decirme porque los incas eligieron este lugar exacto para construir su templo? – dijo el guía a la multitud.

- Para demostrar su hegemonía a los cañaris, construyendo un templo religioso propio incaico sobre uno cañari, demostraba que su dominio sobre estos era total y efectivo, además de una forma de humillarlos y demostrar quién manda – dije yo.

Todos me miraron con extrañeza y hostilidad “¿los indígenas luchando y esclavizándose entre sí? Jamás, eso es propio sólo de los europeos” decían sus miradas.

- No, no, es por… - y el guía se perdió entre explicaciones ridículas de la posición del sol y demás sandeces sin sentido pero que contentaban a la muchedumbre, persistiendo el mito de que los indígenas americanos antes de la llegada de los europeos vivían en un estado de felicidad, equilibrio y hermandad supremo.

Yo por mi parte, me fui a los restos del Templo de la Luna cañari, a rendir homenaje a ese pueblo bravo y valiente, que había mantenido su independencia hasta hoy, a pesar del lento y destructor paso de los imperios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario