sábado, 10 de septiembre de 2011

Etnias

Aparte de los kichwas, que son mayoría aplastante en Arajuno y en varias generaciones lo serán en toda la Amazonía ecuatoriana. Comparten con ellos dos etnias más el territorio del cantón. Son los shuar y los waoranis.

Los shuar son un pueblo de gente dura, que ya en la época de la conquista los españoles trataban con recelo y los llamaban “jíbaros”, famosos por reducir las cabezas de sus enemigos para atraparles el alma y así usarlos como guardianes. Siempre fueron gentes violentas, que se perdieron entre luchas familiares y tribales que los diezmaban entre sí, impidiéndoles lo que seguramente habría sido la conquista de lo que hoy sería un buen trozo de la Amazonía occidental, dadas sus habilidades guerreras. Para los kichwas son gente traicionera, que mata por la espalda, nunca con honor, que siempre engaña y de quienes no puedes confiar. Las relaciones con ellos no son fáciles y siempre andan evitándolos. Los excluyen siempre que pueden y los mantienen alejados. Por su parte los shuar consideran a los kichwas débiles, que se sometieron a los españoles y luego a los mestizos que los trajeron de la sierra. Al proceder en su origen de la sierra, los shuar consideran a los kichwas amazónicos meros extranjeros sin conocimientos de la selva y por tanto, no merecedores de morar en ella.

Por otro lado están los waoranis. Es un pueblo menos violento que los shuar y viven en el interior de la selva. Son los que han sufrido menos la aculturación, y hasta hace veinte años aún andaban desnudos por los senderos. En los años cincuenta mataron, cerca de lo que hoy es Arajuno, a un grupo de misioneros evangelistas norteamericanos a lanzazos a la orilla de un río. Son bastante guerreros, pero con un sentido del honor bastante fuerte. Son la única etnia que aún conserva grupos no contactados en Ecuador, en la reserva del Yasuní, que evitan el contacto con todo grupo fuera de ellos y viven aún de forma tradicional. Son celosos de sus tierras ya que los kichwas desde hace cincuenta años les han ido usurpando su territorio ancestral, emigrando desde el norte. Cuando los kichwas penetran en ella sin permiso, para cazar o pescar, los matan sin miramientos y se los llevan al interior, para que los cuerpos no aparezcan jamás. Los kichwas los llaman “aucas” que significa salvaje, y aunque nunca lo acepten, los tratan con condescendencia y paternalismo, como a niños huérfanos que se han criado solos y por tanto, salvajes.

Como todo grupo humano, las etnias indígenas, también tienen sus diferencias y roces, que hace más difícil el avanzar correctamente por defender sus derechos ancestrales.

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